La sabiduría que tanto intentamos encontrar en cuánta filosofía,escuela de pensamiento, directriz espiritual, etc.etc....nos acompaña desde siempre y no la hallamos fuera de nosotros.
Ella no ha nacido con nuestro nacimiento humano.
Vida tras vida, cómo una sombra de Luz,y valga la paradoja, ella espera que recordemos que vive en nosotros.
Aquí la teoría de la reminiscencia, esbozada por Platón,es lo que más se asemeja a lo que en realidad nos ocurre como Esencia Divina.
Podemos dudar acaso que en las infinitas vidas que hemos transitado a través de las eras y las edades del tiempo y el espacio,nos ha quedado algo sin aprender...?
Podemos imaginarnos acaso que nuestra necedad nos impide ser conscientes de quienes somos en realidad...?
No creemos que sea ninguno de los interrogantes anteriores lo que más se acerca a una nítida comprensión del proceso evolutivo.
Para profundizar un poco más este pequeño análisis, debemos tener en cuenta algunos aspectos que nos ayudarán a poder captar el verdadero sentido de la Evolución Almica.
El Universo en todas sus infinitas dimensiones, está movido por una DINÁMICA que lo hace expandirse en cada segundo, infinitas extensiones de Espacio Tiempo, expandiendo así sus ya inimaginables extensiones y esto aunque sea difícil de comprender y asimilar, está relacionado con la evolución de nuestra conciencia y por carácter reflejo de nuestra sabiduría.
Allí es donde podemos relacionar que si la gran sabiduría que cada Alma en proceso evolutivo, se llegaría a detener solo por un segundo en su evolución, y no estaría correspondiendo a esa Dinámica implícita en la expansión del Universo, es donde la asimetría produciría un des-balance o caos y todo sería un descontrol imposible de imaginar.
Cuando como seres humanos - álmicos vallamos tomando conciencia de quienes somos y no lo que creemos que somos (lo que el espejo desdibujado nos muestra) y podamos entender que la existencia en forma humana, es una oportunidad maravillosa que nos da la Naturaleza para no perder la inercia que nos acerca a la expansión Dinámica del Universo, comprendernos en forma mucho más transparente, cual es el conocimiento o la sabiduría,que hemos venido a aprender.
Privando cómo la forma más explícita del Amor, El Respeto, que a nuestra propia concepción de esa palabra, es la forma de Amor más maravillosa que existe.
C.R.
La Sabiduría Interior
La sabiduría que tantas veces buscamos en filosofías, escuelas de pensamiento o tradiciones espirituales, no se encuentra fuera de nosotros. Nos acompaña desde siempre, no nació con nuestro nacimiento humano, sino que habita en nuestra esencia más profunda.
Vida tras vida, como una sombra de luz —y valga la paradoja— ella permanece, aguardando a que recordemos que vive en nuestro interior. Aquí resulta reveladora la teoría de la reminiscencia esbozada por Platón, pues refleja con gran cercanía lo que en verdad experimentamos como almas divinas: no aprendemos desde cero, sino que recordamos lo que siempre ha estado en nosotros.
¿Podemos acaso imaginar que, tras innumerables existencias en los vastos ciclos del tiempo y el espacio, nada hubiésemos aprendido?
¿Podemos pensar que nuestra propia obstinación nos impide descubrir quiénes somos en realidad?
Más allá de estas preguntas, lo esencial no está en la duda, sino en comprender el verdadero sentido del proceso evolutivo del alma.
El Universo, en todas sus dimensiones, se expande sin cesar. Cada instante engendra nuevas extensiones de espacio-tiempo, y esa expansión está íntimamente vinculada a la evolución de nuestra conciencia. Si el alma, en su viaje, detuviera aunque fuera un instante su proceso de crecimiento, se rompería la armonía con esa dinámica universal. El desbalance resultante sería un caos imposible de concebir.
Por eso, cuando como seres humanos–álmicos comenzamos a reconocernos no por lo que creemos ser —esa imagen fragmentada que el espejo nos devuelve— sino por lo que verdaderamente somos, descubrimos que la vida encarnada es un regalo de la Naturaleza. Es una oportunidad sagrada para mantenernos en movimiento, en sintonía con la expansión infinita del cosmos.
Allí se revela el propósito: recordar, aprender, y encarnar la sabiduría. Y en ese camino, comprender que la forma más clara y luminosa de Amor se expresa en el Respeto: respeto hacia nosotros mismos, hacia los demás y hacia toda manifestación de la Vida. Pues el respeto es la raíz y la forma más pura del Amor.
—C.R.