LA RESPUESTA ESTA EN CADA UNO
LAS SOMBRAS DEL SISTEMA
El sistema que impera en el control del conjunto de la humanidad ha llegado a un punto de degradación tan profundo, que se ha convertido en detractor de sí mismo.
La exposición descarada de las ofertas que este insano entramado despliega a través de innumerables acciones y filosofías resulta inimaginable. A lo largo de la historia, estas fuerzas han condicionado y limitado la evolución de la esencia individual del ser humano. Pero hoy, aliadas con un sinfín de cómplices, actúan de manera tan abierta y desvergonzada, que podemos reconocerlas —si aprendemos a leer entre líneas la vida que nos proponen— en múltiples expresiones que ya resultan casi un insulto a cara descubierta.
Los alcances de este desorden son inconmensurables.
Quizás resulte repetitivo exponerlos, pero aun la repetición tiene su valor como advertencia para millones de seres humanos que todavía no han alcanzado la expansión de conciencia necesaria. Cuando esa expansión llegue, hallarán respuestas que les permitirán comprender su verdadero papel en esta existencia y descubrir el designio divino que a cada alma le ha sido encomendado.
Las crisis que el sistema provoca abarcan casi todos los aspectos de la vida social. Día tras día comprobamos que los cimientos de sus acciones están corrompidos desde el origen.
La educación
Comencemos por lo esencial para el crecimiento de una sociedad: la educación.
Los sistemas educativos que este conglomerado de sombras ha impuesto nunca fueron un verdadero referente de desarrollo intelectual ni humano. Pero en la actualidad han descendido a niveles alarmantemente pobres, generando el desinterés de los estudiantes, que no encuentran en ellos respuestas a sus ansias de aprendizaje ni herramientas para su desarrollo integral.
La falta de exigencia, tanto en los niveles básicos como en los más avanzados, unida a la ausencia de un compromiso real con la formación del individuo, revela la verdadera voluntad del sistema respecto de la educación: emparejar hacia abajo.
La política y la economía
Otro aspecto fundamental es la política y su alianza inseparable con la economía.
Existe una frase que lo sintetiza con siniestra claridad: “La política es el arte de lo posible”. Más bien habría que llamarla el arte de las insensateces, de los intereses mezquinos y de un desorden organizado que solo apunta a la sumisión de la gran mayoría.
Una pequeña élite, oculta en la oscuridad de sus egoísmos, mantiene bajo su control a la multitud, aliándose con sectores que van mucho más allá de lo que una mente lúcida podría imaginar.
El resultado de estas alianzas se refleja en una pobreza planetaria que avanza sin freno. Y los medios de comunicación, cómplices abyectos, se suman a este entramado, difundiendo las mentiras del sistema mientras vituperan la buena voluntad de los pueblos.
Salud y dependencia
La manipulación se extiende también al ámbito de la salud. Los alimentos tratados industrialmente abren las puertas a innumerables enfermedades, y son los mismos productores quienes, más tarde, ofrecen la aparente cura a través de la farmacología. Así convierten la medicina en un negocio interminable, que intoxica con remedios y drogas a los individuos, volviéndolos dependientes de por vida, a costa de incalculables réditos económicos.
Otros campos
El deporte, la ciencia, el sindicalismo, la industria, los desarrollos tecnológicos e incluso las religiones, han sido atravesados por las mismas lógicas de control. Las miles de religiones que se multiplicaron a lo largo de la historia, lejos de acercar al hombre a su esencia divina, lo han sentado en templos e iglesias, alejándolo de la única morada verdadera del Gran Espíritu: el interior de cada ser.
Un punto de inflexión
Como dijimos al comienzo, este sistema es detractor de sí mismo. Tan confiado está en la impunidad de sus actos, que ni siquiera se molesta en censurar sus propias deshonestidades.
El presente se nos presenta como un punto de inflexión decisivo.
Debemos elegir de qué lado del río queremos estar: del lado complaciente, aceptando sumisamente todo lo que nos propone este sistema viciado y egoísta; o del lado de la conciencia, buscando desde nuestra interioridad la herramienta con la que podamos enfrentarlo.
El sistema aparenta ser un monstruo, pero en realidad sabe dos cosas con certeza: primero, que su debilidad es estructural; y segundo, que los seres humanos portamos un poder infinito capaz de hacer temblar sus cimientos. Ese poder se manifiesta cuando nuestra rebeldía espiritual se alinea con el designio divino que cada alma vino a cumplir.
La respuesta perfecta reside en cada uno de nosotros.
Allí está la verdadera libertad.
C.R.

